POLITICAS DE HOY
Para el indocumentado Washington es la sede del terror
por Alfonso Zepeda Capistrán
     No pasa un día en que los noticieros o periódicos de habla hispana en Estados Unidos no emitan informes sobre la difícil situación que viven los
indocumentados en el país.  Día tras día surgen noticias sobre lo último en cuanto a redadas y deportaciones, protestas de grupos anti-inmigrantes en
oposición a las labores de las delegaciones consulares, el proceso de criminalización de personas inocentes cuyo único delito es querer trabajar,  nuevas
iniciativas de ley que prohíben el acceso a los estudios superiores o que imponen  más sanciones a quienes ya viven en situaciones precarias.
     Las redadas y deportaciones llevadas acabo por el Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE), han sido frecuentes y numerosas por todo el país, tanto
que para los indocumentados que residen aquí los agentes de ICE son la encarnación viva del terror.  Es tal el miedo en las comunidades inmigrantes
que se ha perdido casi por completo la poca confianza que pudiera haber existido entre estas comunidades y agentes de seguridad pública, policía local
o estatal. A veces este miedo se manifiesta también hacia los empleados de entidades de gobiernos locales cuyas misiones son las de proveer servicios
de apoyo.  La falta de confianza hace aun más difícil la ya dura labor de estos empleados que no tienen nada que ver con asuntos migratorios.
    ¿Cómo no va a existir el temor cuando hay casos de individuos que salen de sus casas a trabajar y nunca vuelven, dejando así familias enteras
desproveídas de su principal fuente de ingresos?  ¿Cómo no va a existir el miedo si el no tener residencia legal impide el acceso a una licencia de
manejar, de tal modo que cada vez que alguien sale al trabajo, a la tienda, o a la iglesia, arriesga que lo pare un policía, a veces sin razón, y le pida su
identificación y/o cuestione su estatus migratorio lo cual puede resultar en arresto, en encarcelamiento y hasta en deportación?  ¿Cómo no va a existir el
miedo si cada día hay más leyes anti-inmigrantes y más odio hacia los indocumentados en general?  A veces también, más por falta de conocimiento de
las autoridades educativas que por sus intenciones, en las escuelas públicas se dan casos en los cuales se les pide prueba de documentación a los niños
para poderlos matricular cuando está claramente prohibido por ley exigir dicha documentación.     
    En este clima anti-inmigrante ni un residente legal o ciudadano se salva, pues se han dado casos de deportaciones de residentes legales y de
ciudadanos por su apariencia —persecuciones injustas debidas al perfil racial.  También hay casos en los cuales se pretende aplicar las leyes
retroactivamente, como sucedió con el empresario y líder comunitario Tomás Contreras en Madison, Wisconsin, quien a pesar de haber sido residente
legal desde 1964, en enero del 2007 fue detenido y encarcelado por varios meses en la frontera mientras volvía de unas vacaciones familiares en
México, todo debido a un delito de antaño que aparentemente se había resuelto casi 20 años antes.  
    El impacto psicológico que sufren las víctimas de este terrorismo, tanto el individuo arrestado como sus familiares, es duradero.  Las incertidumbres se
prolongan el trauma familiar.  A veces desaparece alguien y se desconoce su paradero.  Al final es el personal de agencias locales quienes a duras
penas y con poquísimos recursos se hacen responsables de los familiares de las víctimas del trágico proceso de la separación.  
    En julio del 2007, la organización Human Rights Watch en un informe sobre la separación forzosa causada por las deportaciones enfatiza la violación
de los derechos humanos de millones de individuos.  Sí, también en Estados Unidos se violan los derechos humanos todos los días.  Ahora, a los
detenidos ni siquiera se les respeta su derecho a un proceso legal digno, y hasta se les trata de convertir automáticamente en “criminales.”  También se
les maltrata en los centros de detención.  Todo esto cicatriza física y mentalmente de por vida.
    Según informes de la agencia ICE, más de 14 mil individuos fueron deportados solamente en Carolina del Norte, Carolina del Sur y Georgia entre
octubre de 2007 y mayo de 2008.  Si sumamos los deportados de Iowa, Arizona, Wisconsin, California y todos los demás estados la cifra es exorbitante.  
Los afectados son aún más porque con cada deportación queda uno, dos, tres o más familiares traumatizados y sin quien los mantenga.  Sufre el
deportado y sufren quienes se quedan atrás.  
    Desafortunadamente, siempre que hay una crisis, como la de la economía estadounidense hoy día, quienes sufren son los más débiles, los más
desproveídos y más faltos de recursos para poder ejercer sus derechos y defender su dignidad.  En este caso el chivo expiatorio es el indocumentado.  Y
mientras tanto hay falta de sensibilidad de las autoridades de inmigración pues ignoran las consecuencias que implican las separaciones de un miembro
familiar.  
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